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id da página: 6898 Maldição Serpente Paraíso

Maldição Serpente Paraíso

Fílon — LEGUM ALLEGORIAE

Maldição da Serpente

Excertos da tradução em espanhol de JOSÉ MARÍA TRIVIÑO

107. XXXV. "Y dijo Dios Soberano a la serpiente: 'Maldita serás desde todos los ganados y desde todas las bestias de la tierra'." (Gen. III, 14. )1 Así como la alegría, siendo una buena disposición del alma, merece nuestros votos, el placer, es decir, la pasión,2 que, alterando los límites del alma, la transforma en amante de las pasiones de amante de Dios que era, es digno de maldición. Y dice Moisés en las imprecaciones: "Maldito sea el que alterare los límites de su vecino." (Deut. XXVII, 17.) Dios, en efecto, ha colocado como límite y ley en el alma la. virtud, el árbol de la vida. Pero lo altera el que fija como límite el vicio, es decir, el árbol de la muerte.

108. "Y maldito sea también el que hiciere perder su rumbo a un ciego en el camino" (Deut. XXVII, 18), "y el que golpeare a un prójimo arteramente." (Deut. XXVII, 24.) Y éstas son cosas que hace el ateísimo placer. La sensibilidad, en efecto, es algo ciego por naturaleza, como que es irracional; pues es el poder de la razón el que nos hace ver. Por eso, con solo este poder aprehendamos también las cosas; en tanto que mediante la sensibilidad no alcanzamos a eso, por cuanto a través de ella solo llegamos hasta la representación de las cosas materiales solamente.

109. El placer, pues, ha engañado completamente a la ciega sensibilidad en la aprehensión de los objetos, ya que, cuando ella hubiera podido volverse hacia la inteligencia y recibir su apoyo, se lo ha impedido, conduciéndola hacia lo que solo se puede percibir exteriormente, y tornándola ávida de lo que produce placer; para que la sensibilidad, ciega como es, fuera guiada por un guía ciego; el objeto sensible; y, a su vez, la inteligencia, guiada por ambos guías incapaces de ver,: viniera a parar en tierra y no fuera ya dueña de sí.

110. Es que si en alguna medida las cosas hubieran sucedido como. naturalmente corresponde, preciso hubiera sido que esas ciegas facultades siguieran los pasos del clarividente poder de la razón, porque de ese modo los perjuicios hubieran sido más leves. Pero, tal como suceden las cosas, es tan grande la trama organizada por el placer contra el alma, que le ha sido forzoso a ésta echar mano a guías ciegos, constreñida y movida a trocar la virtud a cambio de cosas viles y a trocar su inocencia por maldades. XXXVI. La sagrada palabra prohíbe semejante trueque, cuando dice: "No cambiarás lo bueno por lo malo." (Lev. XXVII, 33.)

111. Maldito es por ello el placer. Pero, veamos cuan apropiadas maldiciones se pronuncian contra él. "Desde todos los ganados" dice Dios que es maldito.3 Pues bien, nuestra irracional facultad de percibir sensorialmente es semejante a los ganados, y cada uno de nuestros sentidos maldice al placer como a su mayor y más odiado enemigo. Es que el placer es realmente enemigo de la sensibilidad. La prueba está en que, cuando estamos ya saciados de inmoderado placer, no podemos ni ver, ni oír, ni oler, ni gustar, ni tocar con claridad, siendo nuestros contactos con lo sensible confusos y enfermizos.

112. Y esto es lo que experimentamos cuando cesamos de gozar del placer; mas, cuando nos hallamos en pleno goce del mismo, nos vemos privados por completo del sostén que nos brinda la cooperación de los sentidos, al punto de que nos parece haber quedado ciegos. ¿Cómo, pues, no proferirá maldiciones perfectamente justificadas la sensibilidad contra el placer, si éste la mutila?


NOTAS:
1 "Desde", es decir, la maldición te llegará desde todos los ganados y desde todas las bestias de la tierra.
2 La pasión por excelencia.
3 Gen. III, 14.